Blanco Puro

El olor a tierra húmeda penetraba sus fosas nasales, un nuevo peso colgaba sobre su brazo, la brisa sobre su cuerpo la hacia sentirse viva, pero la lluvia que resbalaba sobre su cabello le hacía preguntarse si lo que estaba sintiendo era real o si aquello había sido un sueño; sentía los pies cansados, como si alguien tirara de sus dedos con mucha fuerza. Un sonido  constante y penetrante le taladraba el oído, toc toc toc toc ¿está alguien llamando a la puerta?

El sol la hacia sentir cansada, la trasladaba a un momento donde huyendo de algo que no lograba recordar corría, se movía muy rápido, hiperventilaba mientras cogía con las manos su pesado y aun hermoso vestido blanco, un vestido blanco que se enterró bien profundo en su alma dejándola inmóvil sobre la colina donde ambos dieron su primer beso, primer beso que no compartieron, besos a labios ajenos a la historia que ahora la mantenía en movimiento. Parece que fue ayer cuando lo escogió, pero el bonito recuerdo de su madre y hermanas sonrientes indicándole que ese era el vestido adecuado se empaña, se llena de furia, de espera, de tiempo.

El bonito vestido blanco terminó amarillento, tostado por el sol veraniego, con rasgos verdes del musgo primaveral adherido a su delicado estampado, con barro pegado sobre su fina tela por mas de una caída sobre la tierra mojada (el vestido había quedado mas largo de lo que debía) y ella quería alcanzar la colina para entregarle su velo al aire que soplaba regio, el mismo velo con el que pretendia tapar su virginal esencia, sentía una inexplicable necesidad de verlo ondear sobre la fuerza del viento, bailando a su ritmo como símbolo de la libertad que se había resignado a ceder y que todavía, por una decisión impulsiva que seguía sintiendose correcta conservaba.

Muchos intentaron levantarla de allí, pero nadie lo logró, se quedó recostada sobre la colina donde su casto vestido se hizo aun mas pesado y poco a poco fue absorbido por la fuerza de la tierra, donde su hambre logró ponerla nuevamente en pié, tirando de sus finos dedos para hacer profundas raíces y dejarla allí para siempre, presa de su espera, de su angustia y de sus miedos, presa de esos primeros labios que besó allí, en su adolescencia.

Dicen en el pueblo, bajo la colina, que fue su decisión, que prefirió comprometerse con la naturaleza antes de  consagrar su vida a otro ser humano, a uno que aunque pretendía arroparla entera no le arropaba el alma. Muchos dicen que selló su única oportunidad de amar sobre ese mirador, con ese primer beso. Algunis creen que nunca verán nada mas hermoso que el velo blanco ondeando entre esa repentina ráfaga de viento.

Nadie sabe por qué, nadie habla de él, es un recuerdo eclipsado por el llanto de una triste mujer que corría sujetando un hermoso y pesado vestido blanco, quién cada amanecer tiene que esforzarse por entender que ya no es una mujer, que lo que cuelga de su brazo es el columpio preferido de los niños del barrio, que nadie toca la puerta, qué es el pájaro carpintero de turno en plena faena y que ese vacío que siente en el pecho es su corazón que ya no late, que se ha transformado en madera y que ademas, a causa de tanto extrañar se ha quedado hueca.

Los nuevos amantes no se besan bajo su sombra, temen que su sombra los castigue y tengan su mismo destino. Muchos ignoran que dentro de esa rara coraza blanca sigue siendo la misma chica inocente, que cada vez que la brisa le desprende las hojas llora por que pierde su hermoso cabello, que cada una de las estrías en su tronco representa el dolor de ese amargo momento revivido y que cuando hay mucha sequía se desmaya por la sed y se queda dormida en un profundo sueño donde recuerda los momentos mas felices de su antigua vida y que hoy la pureza de su alma la ha convertido en un hermoso aunque triste árbol.