El 143

El 143 en la Verdistrasse

El 143 lleva un ritmo pausado, tranquilo, constante, adormecedor, pero que nunca me atrevería a calificar como relajante, pues en momentos de estrés o mucho cansancio, se puede sentir como el mas desesperante del mundo. El 143 y yo compartimos muchos días, tardes y  noches, donde diferentes situaciones me hicieron odiarlo, amarlo y aprender sus peligrosas manías y aunque después de tanto tiempo juntos nada sobre el movimiento de su ambicioso tiempo me sorprenda, sigue dejándome sin aliento, corriendo tras él, haciéndolo sobre la consiencia plena de saber que por mas rápido que lo haga, alcanzarlo es simplemente imposible. Así fue como mi tediosa rutina nos hizo conocernos, compenetrarnos, a mí me hizo valorar su silencio y a él mas que ignorar mi volátil estado de ánimo, no puedo decir mucho.

El 143 ha sido un noble amigo, que me brindaba tiempo de sobra para pensar, el ha visto mucho de mi, me ha visto temblar de fiebre y de frio, me ha visto sudar por calor y también por correr sin control para estar con el aunque no hiciera falta. Conoce mi cara de agotamiento, conoce mis sentimientos, me ha escuchado llorar grandes penas, desde la pérdida de un capitán hasta la constante e incómoda sensación de extrañar el hogar, pero fue también dentro de su confort, donde aprendí a recordar y sonreír, en él dejé de sumarle años a mis seres queridos y también me reí de los chistes mas malos del mundo.

Hoy el 143 y yo no nos vemos con tanta frecuencia, una bicicleta nos ha separado, algunos cambios en mi ruta me hacen ahora ser testigo pasivo de su viaje y son los pequeños momentos en los que nos cruzamos donde no puedo evitar agradecerle todas las veces que al mirarme correr por el retrovisor se detuvo a esperarme, la mano que me tendió preocupado cuando no pude controlar el llanto, la tranquilidad de su viaje, y una vez mas, el silencio, pero además de todos los momentos en los que dejó de ser un bus para ser humano, debo agradecerle siempre que en mis fuertes comienzos él y solo él acompañaba mi camino.